“Todo ángel necesita un demonio que le invite café”

Hasta incluso de la persona que menos esperarías, puede llegar a sorprenderte. Esa persona con esa mira "tímida" pero que en realidad te devora con su mirada sin darte cuenta, y hace que sientas esa “pequeña intimidación” que todos hemos sentido alguna vez por alguien y qué a día de hoy no encontramos explicación.

Esa persona que el “deseo” forma parte de su día a día, incapaz de no "quemarse" y no saltar a la aventura de caer en la tentación una y otra vez. Te puedes considerar una persona fogosa pero, ¿Ese es tú verdadero límite? Permíteme decirte que si la respuesta es sí, no has encontrado a la persona correcta que saque ese lado salvaje pero sensual que todos escondemos pero, qué cuando lo mostramos sorprendemos hasta a la persona más experimentada.

Te gusta tanto el sexo que hasta sueñas con él, las ganas se apoderan de tú cuerpo de tal forma que creas en tú imaginación el mayor de los placeres, ese que tantas veces nos hemos imaginado en nuestra mente cada vez que deseamos a alguien.Cuando consigues estar con esa persona que tanto te atrae y  provocaba qué todos y cada uno de esos sueños fuesen húmedos, tu mente se bloquea, es tu cuerpo el que habla, de repente se apodera de nosotros ese extraño e inevitable "tic"  que hace que nos mordemos el labio una y otra vez. No es que esa persona no te excite lo suficiente sino, que no sabes por donde empezar primero.

Llegas a la cama y sientes como el pulso se te acelera, tú respiración se vuelve incontrolable sin apenas haber comenzado el acto, es ahí donde comienza ese "jugueteo" que a todos nos genera tanto morbo. Eres tan irresistible que te pienso comer más de una vez para no quedarme con las ganas.Sientes como  penetras tú miembro suave y lentamente, para sentir todos y cada uno de los orgasmos que generas al hacerlo, es en ese momento cuando aparece ese “demonio” que todos llevamos dentro. Ese, al que le gusta "jugar duro" pero no demasiado que el placer sea "incontrolable" pero siempre generando un orgasmo tras otro hasta que sientas que ya no puedas más.

Tu mente se pregunta  porque había tardado tanto tiempo en aparecer esa "diosa" en tú vida a lo que el "demonio" te responde: “ahora es cuando sabes comértela con ganas” el sexo debe disfrutarse, las caricias deben sentirse a flor de piel, y cuando sientas ese "escalofrío" desde el primer beso o la primera mordida de cuello, es ahí cuando sabes que estás preparado para devorar a todas esas personas utilizando esa ”rica maldad” pero de manera apasionada.

Cuando consigues esa conexión con alguien, todas las conversaciones comienzan hablando de “sexo” y terminan reproduciendo todo eso que tantas ganas tenían de hacerse. Capaz de excitarte una y otra vez tan solo con pensarlo. No sabrías decir que noche ha sido más placentera porque, todas y cada una han sido mejor que la anterior.

Te vuelves adicto a ella ya la vida no conoce de "ángeles", ya que te ha poseído un "demonio" en este caso el del sexo, nunca tiene suficiente, siempre quiere más, y una vez lo pruebas ya no hay marcha atrás. el placer no es el mismo si no es con esa persona, finges orgasmos con otras personas, mientras tu mente piensa una y otra vez en ella hasta tal punto qué, hasta te cueste llegar a eyacular….

Por un momento piensas que tienes algún problema y acudes al médico, mientras la enfermera analiza tú supuesto problema, tú mente te traiciona y te la imaginas a ella con esa bata de enfermera mientras la empotras una y otra vez contra la camilla. Despierta, dice tú mente pero, ya es demasiado tarde esa persona no solo se ha apoderado de tú mente sino, que también controla tus "emociones" más placenteras una y otra vez.

Decides salir corriendo de aquel hospital, miras a tú alrededor buscándola a ella sin éxito y a los pocos segundos, sientes una voz que te susurra en el oído: “yo también tengo ganas de ti”. En ese momento cualquier lugar es válido para hacerlo, esa simple frase te ha causado una erección brutal, esas de las que en el colegio sentías que reventarías la mesa; de la misma forma, te la comiste una y otra vez en el parking de aquel hospital.

 Una vida de sexo apasionado donde cada uno de los movimientos al hacerlo podría provocar un “incendio”   y que jamás se pudiese extinguir es ahí donde quiero vivir.Permíteme devorarte una y otra vez hasta perder la conciencia y  llegar a desmayarme por tantas horas de placer, donde ni las almohadas podrían callarte, donde los “gritos de placer” asustan a lo que conocemos como el “silencio” y donde todos y cada uno de los orgasmos que te causo, hacen que te quedes sin respiración, mientras con esa cara de auténtico placer me pides que te meta los dedos en la boca una y otra vez, eso si es placer…

Arderé en el infierno de tú mirada todas las veces que tus piernas me lo permitan, devoraré cada parte de tú cuerpo hasta que la sangre en mi espalda sea el único testigo de que quieres más y más.

Te devoraré en el infierno, de tal forma que quieras vivir en él y al mismo tiempo te haga sentir que has tocado el cielo.

J.Ramos



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